La toma del “eme”

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“El amor llama al amor. Odia, mi niña, la injusticia y a los injustos, odia el dolor que provocan unos hombres en otros, rebélate contra toda injusticia que veas cometer a tu lado. No importa si sufres un poco por ello, con el tiempo tu estatura se habrá agigantado y te regocijarás con el orgullo en tu propio valor personal, un orgullo sano, dulce y humano”[1], Carta de Carlos Pizarro a su hija, María José Pizarro.

 Hace treinta y cinco años (1984) el M-19, al mando de Marcos Chalita, incursionaba en Florencia. Gustavo Arias Londoño –Boris- y Gloria Amanda Rincón –Renata- acompañarían esta acción en la capital caqueteña. La convulsionada sociedad de los ochenta sería testigo de la operación. El crecimiento poblacional, la mayoría en asentamientos subnormales, registraban 80.000 habitantes en este municipio para la época. Las movilizaciones por vivienda, salud y vida digna hacían de este lugar un espacio propicio para la creación de focos rebeldes. Las Malvinas, por ejemplo, fue una de las áreas que acogió gran parte de la sociedad desterrada por la guerra y la coca, así como la organización de resistencias que reclamaban atención social. Algunos habitantes recordarían que la acción del M-19 estaba planeada para el mes de enero, aunque su ejecución se conoció en marzo.

Un año antes (abril de 1983) Jaime Báteman Cayón, dirigente máximo del M-19 había muerto en la selva tupida del Darién, en extrañas circunstancias, al caer la avioneta en la que se transportaba entre Colombia y Panamá. Gabriel García Márquez, escribiría después de ganar el premio Nobel de Literatura al respecto: “La avioneta monomotor Piper PA 28 con matrícula colombiana HK 2139P y piloteada por el político conservador Antonio Escobar Bravo, salió del aeropuerto «Simón Bolívar» de Santa Marta a las 7:45 de la mañana del pasado 28 de abril con un plan de vuelo visual cuyo destino final era el aeropuerto civil de Paitilla en la ciudad de Panamá. Sin embargo, 7 minutos después aterrizó a pocos kilómetros de la población de Ciénaga, en una antigua pista comercial fuera de servicio, donde la esperaba un grupo de 10 personas. Tres subieron a bordo: dos hombres y una mujer. El más alto de ellos, flaco y un poco escuálido, con una camisa de mezclilla azul y una gorra de capitán de barco, era el hombre más buscado de Colombia desde hacía 5 años: Jaime Báteman Cayón comandante máximo del M-19”[2]. Muerto Báteman, los frentes del “eme” quedaron en incertidumbre y sin mucha comunicación entre ellos.

Según testigo, más de 100 guerrilleros fueron los encargados de la acción armada. Divididos en cuatro grupos se apostarían en lugares estratégicos para impedir el acceso militar de los batallones Liborio Mejía y Juanambú, en respuesta a la intervención rebelde; otros asaltarían la cárcel y sumarían los liberados a la confrontación; y por último, tomar la alcaldía, misión principal en el plan. Cuatro bancos también estarían en la lista de los armados para su intervención con el objetivo de obtener finanzas para el movimiento. La acción era “sencilla”: contener al ejército, aislar la ciudad, realizar un acto político armado entre los pobladores y así dar un golpe de opinión nacional e internacional: “(…) tomarse a Florencia era la mejor forma de obligar a Belisario Betancur a dialogar y de hacerle saber a sus simpatizantes del sur que estaban vivos y combatiendo”[3].

La acción iniciaría cerca de las 9:00 a.m., del 14 de marzo, con un retén y el hurto de dos buses que transportaría parte de los guerrilleros. Un sargento de la policía, desprevenido y sudoroso por el calor de la mañana se percataría de los hombres armados al verlos descender de los carros. La actitud, casi suicida, del uniformado al abrir fuego confundió a los transeúntes de aquel jueves. Testigos declararían que el solitario policía trató de contener el ejército enemigo con una pistola vieja que daba pena ajena entre los que presenciaban el hecho.

Finalmente, la toma no se llevó a cabo como lo había planeado. En poco tiempo la ciudad fue centro del combate entre los alzados en armas y el monopolio de la fuerza estatal. Midiendo fuerza se impidió que los guerrilleros accedieran a los lugares pretendidos. Repeliendo a los insurrectos, entre azoteas, se ubican francotiradores del ejército, mientras en la calle varias personas agitaban sin armas la población lanzando arengas y vivas al movimiento M-19.

El resultado: la confusión total. El humo y olor a pólvora aumentaba el desorden. Tanto los guerrilleros como las fuerzas militares y de policía no diferenciaban entre sus adversarios y amigos. Boris, fue el encargado de organizar la retirada aunque el saldo de la confrontación, de acuerdo a cifras oficiales, estuvo por: 11 subversivos muertos, varios heridos y otros detenidos.

Hoy, después de varios procesos de paz y el armisticio firmado por el M-19, de estar en transición la consolidación democrática y de haber reincorporado a los exguerrilleros de las FARC, recordamos estos hechos que no se repetirán si afianzamos entre nosotros el reconocimiento por la diferencia: el derecho síntesis a la paz; si mantenemos la disposición reconciliadora a pesar de la burda intención del gobierno de turno en cabeza del “sub-presidente” Iván Duque y la nefasta intención del Centro Democrático por hacer trizas la paz.

[1] Revista Semana. La sentida carta de Carlos Pizarro a su hija (4/28/2015 10:00:00 AM). Recuperado de http://www.semana.com/nacion/articulo/la-sentida-carta-de-carlos-pizarro-su-hija/425708-3

[2] Gabriel García Márquez. Báteman: un misterio sin final (10/3/1983). Recuperado de http://www.semana.com/nacion/articulo/bateman-un-misterio-sin-final/3695-3

[3] Óscar Neira. El osario del guerrillero Capera (enero 7, 2018). Recuperado de http://www.recpsur.com/caqueta/el-osario-del-guerrillero-capera/

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